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Herpes Zóster o Culebrilla, cómo se cura

Autor: Eliazar Parra Cárdenas

El Herpes Zóster o Culebrilla es un rebrote del virus de la varicela que sufren aquellas personas que ya han pasado esta enfermedad. El virus de la varicela permanece latente en el paciente y, en épocas de epidemia de varicela, puede volver a reproducirse en forma de Herpes Zóster, aunque también se ha relacionado con causas de estrés o depresión del sistema inmunológico, lo que conocemos como una bajada de defensas. Para tratar este tipo de herpes las primeras 72 horas son cruciales.

Lo primero que aprece en la piel son unos granos rojos con pequeñas ampollas como en la varicela, que luego se rompen y forman pequeñas úlceras que irán formando costra hasta que se seque del todo y cicatrice. Durante el proceso de formación se pueden tomar unas pastillas para que no continúen apareciendo estas manchas, pero sólo son eficaces los tres primeros días. Pasado ese tiempo las pastillas no hacen nada.

Las lesiones siguen apareciendo, normalmente siguiendo un nervio espinal, desde la columna hacia el esternón, por un sólo lado del cuerpo, con forma de serpiente, por lo que adquiere el popular nombre de culebrilla o culebrina. A veces puede afectar a cara y cuello, siguiendo el nervio trigémino, una versión más grave aún porque puede afectar a órganos como la vista, el gusto o el oído. El hecho de seguir el recorrido del nervio hace que esta infección cutáneta sea especialmente dolorosa por lo que, habitualmente, el médico suele prescribir un tratamiento para tratar el dolor que suele variar según el paciente y la incidencia de la enfermedad.

Este virus desaparece de manera espontánea por lo que el tratamiento recomendado una vez se ha manifestado del todo es curar las lesiones que se hayan formado con pomadas como aciclovir, un tratamiento antiviral que reduce el dolor y el proceso de desarrollo de las lesiones. Una vez que se han secado hay que hidratarlas de manera especial y protegerlas del sol con pantalla total ya que la piel se encuentra especialmente expuesta y se pueden producir quemaduras importantes que dejarían marca de por vida.

Como siempre en estos casos, lo más recomendable es que sea un médico quien realice el diagnóstico y haga un seguimiento del paciente ya que, en ocasiones, puede complicarse con episodios de fiebre, pérdida de audición, trastornos en la vista o inflamación de las glándulas linfáticas.

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